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jueves, 14 de octubre de 2010

Cenizas

Miré el reloj, 3:00 a.m., puntual. Hace tiempo que mi cronógrafo biológico no bregaba de tal forma. Cerré mis ojos, volví a soñar con tu silueta caminando del tocador al tálamo. Delirante, cautivante y sensual.
Mas desperté a las 3:33, y no había nadie amenizando el lecho.
Me arrastré hasta la cocina, tu voluntad aún se expandía en el cerámico, las paredes... lo ignoré. Sin embargo fui incapaz de abrir las puertas de la alacena. me embriagué de la cañería. 
Jadeé hasta llegar al baño, extasiada y relente inmersión. En mi cabeza aún susurraban tus promesas, pero lo que es peor, retronaban las mías.
No encontré toalla, tampoco la necesitaba... me inmiscuí en el lienzo de mi cama. Lloré, mi existencia se desvanecía, perecía ante el calvario de mi gesta, desmesurada aflicción por mi hazaña. Tu sollozo, sólo eso bastaba para maldecirme, no podía volver a pestañear; no podía volver a sabatizar mis energías.
Lo hecho, hecho está. Ya no volverás a verla más, hiciste que te dejara. Solo, taciturno y abúlico. Mi torso aún rodaba de la cama al suelo, implorando por tu pronta vuelta, regreso que nunca sucedería, y a pesar de tenerlo asumido, no podía parar de martirizarme. 

A las 4:57, decidí seguir adelante.

Acongojado, transité el cuarto en busca de mis prendas que por tu ímpetu yacían en los rincones. Ignoré las tuyas. Cogí las llaves, cerré el cuarto, la casa y subí al auto, permanecí inmóvil los siguientes 15 minutos. Embelesado por el simpático movimiento de las ratas que ya empezaban a llegar, reaccioné; Reversa, acelerador, freno, embrague, primera, acelerador, embrague, segunda, freno. Así hasta llegar al 24/7.
Un brío atosigante me encauzó al pasillo de licores. "Jack Daniel's Old Time Old No.7 Brand Quality Tennessee Sour Mash Whiskey"... menuda etiqueta, para algo que sólo sentirás unos instantes antes de sucumbir.
Otra lozanía me guió a comprar cigarrillos, mas sólo atiné a comprar unos Camel corrientes. Seguí mi recorrido, compré loción para después de afeitar, un par de colonias, parafina y un helado. Saqué un par de revistas y pasé a recargar el Zippo que me regalaste. 
Estuve otros 15 malditos minutos en el estacionamiento, con el que juré sería el último tubo cancerígeno que entraba en mi cuerpo, nunca había degustado uno tan compasivo, me tenté a continuar con otro. Pero mi determinación era clara, regalé la cajetilla al indigente de ocasión, subí al auto y emprendí mi senda de regreso.

Reversa, acelerador, freno, embrague, primera, acelerador, embrague, segunda, freno. Así hasta llegar a casa.

Destapé a mi amigo Daniel's y reposé en el sillón, un vahído incauto peregrinó mi forma. El gimoteo volvió.
Primero fue una pañoleta, luego filo el que sació mi dolor, ya no eran saladas gotas las que recorrían mi faz y mis palmas. Por mi cuerpo helado, tibio corría el carmesí.

¿Y tus ganas de seguir adelante?

Se desvanecieron, junto con nuestros sueños...
Se disiparon, cuando decidiste darme la espalda...
Se esfumaron, cuando creíste que sólo el sexo me haría mejor...
Se atenuaron, cuando tu egoísmo empinó y nos dejó de lado...
Se derrumbaron, junto con nuestro amor.

Analicé nuestra última conversación, el sexo que me vendiste como reconciliación, que era un adiós y te encontré la razón, seguía amándote. No era justo que te llevaras la peor parte de nuestra ruptura. 
Quise remendar lo mal perdedor que fui. 
Quise dejar todo atrás, era tiempo de dar un paso adelante.
Volví a la cocina, esta vez pude abrir la alacena, saqué un bocadillo, llevaba horas sin comer. Rocié las colonias que había comprado por donde tu esencia aún me imploraba que parase.
Caminé a paso tranquilo al baño, me afeité, me eché de la rica loción que acababa de comprar. Volví al cuarto, que aún murmuraba tu nombre. Ordené, tomé todas tus ropas, y en una bolsa, las puse.
Volví a la cocina, aquel lugar de nuestra última lid.

8:23

El suave líquido husmeó indiscreto. A pesar de lo gélido, logre encontrar el poco calor que restaba de tu seno. Te rodeé, aunque inerte, no era recíproco. Tomé tus manos, te escuché decir "Ya no te amo" una vez más. Mientras tus luceros aún permanecían estáticos impregnando mi visión, descifrando mi pretensión. Te besé, ya sin preocuparme de tu reacción. mi intención llegó a mi bolsillo, hasta tu dádiva que recargué.
Y ahí, anegados dentro de la cocina, nos sentimos por última vez. La corona friccionaba el mineral, cuyo destello abrumaba el pabilo, que apasionaba nuestra laguna, y nuestra laguna incineraba tus recuerdos.

Y donde hubo fuego, sólo un par de cenizas quedaron.

1 comentario:

Por los Dragones Galácticos, exprésate claramente :)